Comprimir no es “hacerla más chiquita sin tocar nada”
JPEG tira información a propósito. PNG no. Y “calidad 80” no significa lo que crees.
Hay dos familias que la gente mezcla: compresión con pérdida (lossy) y sin pérdida (lossless). JPEG es el rey del “me deshago de lo que el ojo perdona”. PNG es más “guardo todo, aunque pese”.
Por eso un PNG de captura de pantalla puede ser nítido y a la vez enorme, mientras un JPEG de la misma escena pesa poco… y si miras el texto de cerca, a veces se ve “sucio” o con bordes raros.
El número de “calidad” (70, 80, 90) no es un porcentaje científico universal. Es una perilla del codificador. Calidad 80 en una app no es idéntica a 80 en otra. Compáralo mirando el resultado, no idolatrando el número.
Dato embobador: el ojo humano nota peor los errores de color que los de brillo. Los codecs lo aprovechan: tirar detalle de color ahorra mucho peso con poco drama visual. Por eso la foto del perrito sigue “bien”… hasta que amplías el pelaje.
Para documentos escaneados (contratos, tareas): suele importar más la legibilidad que el cielo perfecto. Un nivel medio de compresión puede bajar de 25 MB a 3 MB y seguir siendo firmable a simple vista.
Para imprimir un flyer o un banner: comprime con miedo. La impresora amplifica defectos que en el celular no ves. Mejor archivo un poco más pesado que tipografía masticada.
En herramientas locales como Muchtools, puedes probar dos niveles en un minuto y quedarte con el que se vea bien. Esa prueba rápida supera cualquier regla mágica de internet.